Espero que sus Majestades los Reyes magos os haya deja muchas cositas.
Yo vengo a dejarte alguna cosita más sobre Washington Irving.
Washington Irving Parte 2
A lo largo de su vida, llegó a ser embajador de Estados Unidos en nuestro país, formó parte en 1829 de la Real Academia de la Historia, viajó por todo el territorio en múltiples ocasiones —una de las más emblemáticas, acompañado por un amigo diplomático de la embajada rusa— e incluso conoció personalmente en más de una ocasión a la reina Isabel II, a quien entregó distintas misivas del gobierno americano. También fue quien le anunció su renuncia al cargo diplomático en torno a 1864 con las siguientes palabras:
Señora:
Tengo el honor de entregar en manos de Su Majestad una carta del Presidente de los Estados Unidos anunciando mi retirada del puesto de Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario.
Estoy encargado por el Presidente de los Estados Unidos de expresar, al entregar esta carta a Su Majestad, su constante y serio deseo de mantener las relaciones amigables que tan felizmente existen entre los dos países.
Por mi parte, puedo asegurarle a Su Majestad que yo llevaré conmigo, en mi vida privada, el mismo ardiente deseo del bienestar de España y el mismo interés profundo en la fortuna y la felicidad de su joven reinado que me ha movido durante mi carrera oficial.
Y ahora me despido de Su Majestad, deseándole desde lo más profundo de mi corazón una larga y feliz vida, y un reinado que pueda formar una gloriosa época en la historia de este país.
Así que tenemos a un personaje que fue, por una parte, escritor; por otra, editor; además, ensayista, diplomático… y, por qué no decirlo, un auténtico personaje de época.
Sus viajes no se limitaron a España y Estados Unidos. Viajó muchísimo tanto por su país natal —acompañado por sus hermanos, siendo él el menor de ocho— como con distintos amigos, y se codeó con todo tipo de intelectuales.
También recorrió media Europa. Viajó por toda Italia, aunque su hermano William consideraba que, en ocasiones, lo hacía con fines no tan literarios y más pensando en los negocios familiares. Recorrió varias veces Francia, se alojó en París, disfrutó del mundo nocturno, y también vivió en Londres y otras zonas del Reino Unido, país de origen de su familia, donde una de sus hermanas residía de forma permanente.
A lo largo de su vida, Washington Irving sufrió varias pérdidas, pero la que más le dolió fue la de su hermano más querido, el propio William, en una edad ya avanzada, pero en un momento donde Washington asumía ciertos problemas, sobre todo económicos.
Eso sí: no era un hombre pobre, ni mucho menos. Su familia tenía ciertas comodidades. Después de todo, Washington pudo dedicarse durante años a la escritura como actividad principal, incluso por encima de su trabajo diplomático. Esto, en parte, se debió al apoyo de sus hermanos y de sus padres, que siempre quisieron creer en él y alentaron su carrera artística.
¿Por qué Washington, una criatura que desde pequeño ya prefería las historias de fantasía antes que los libros “serios”, llegó a ser tan famoso en su país? ¿Por qué ocupó tantísimos puestos? ¿Por qué viajó por toda Europa? ¿Y lo más importante: por qué esa fijación con España?
Para entender todo esto hay que situarse en contexto. Washington Irving vivió entre finales del siglo XVIII y mediados del siglo XIX. En su infancia coincidió con la independencia de las Trece Colonias —ese primer paso hacia los Estados Unidos— y murió en noviembre de 1859 en su país natal.
Y bien, para comprenderlo en pocas palabras: Washington fue un romántico, un aventurero, un espíritu de su época. De esos que preferían, quizá, dejar un poco de lado su faceta más seria, ensayística y racional, para centrarse en los sueños, en la pasión, en la locura y, ante todo, en la aventura.
Y así es como este caballero americano llegó a enamorarse de Europa… y, más concretamente, de un país que en aquel momento estaba un poco en horas bajas, pero que conservaba el mismo encanto y misterio de siempre, el que terminaría llamando también la atención de otros autores.
Ahí está, por ejemplo, Carmen de Prosper Mérimée. Pero en la figura de Washington Irving había una clara intención de retratar el ambiente español y las leyendas que, según él, le habían contado sus gentes.
Prueba de ello es el cuadro que le realizó un viejo amigo suyo en los Archivos Históricos de Sevilla, en compañía de monjes. Si no lo conocéis, os lo recomiendo. Se titula Washington Irving en los archivos de Sevilla, es obra de David Wilkie —su amigo y pintor—, y fue pintado en 1828.
Y si os parece, para conocer un poco más de cerca a este personaje —ya que se trata de un escritor—, creo que lo más apropiado es conocerlo a través de su obra. Así podréis juzgar vosotros mismos si era, o no, un romántico a la altura de algunos autores con los que llegó a compartir mesa, como sir Walter Scott o la mismísima Mary Shelley.
Si queréis escucharlo, nos vemos en la próxima.
Dale al podcast, hay variaciones.
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Mañana te espero con la tercera parte















